El miedo al anticiclón

Estamos en octubre y el buen tiempo continúa haciendo acto de presencia en España. El anticiclón que se ha instalado durante estos últimos días sobre el país ha permitido alargar durante unas cuantas semanas el apreciado verano y retrasar el frío y las lluvias de la época otoñal.

Sin embargo, con el anticiclón, la contaminación se ha quedado estancada sobre las ciudades y los periódicos no han tardado en llenarse de noticias en las que se alertaba de los altos niveles de polución a los que están asistiendo Madrid y Barcelona, superando, en ocasiones, los límites establecidos para todo el año.

Barcelona se ha visto obligada a reactivar la limitación de velocidad de los vehículos a 80 kilómetros por hora con el fin de reducir la boina de contaminación que invade la ciudad. Por otro lado, en Madrid, ocho estaciones de medición de la calidad de aire han superado los límites legales y se ha estado a punto de alcanzar el nivel de alerta a la población. Sirva como ejemplo la estación de medición de contaminación que el Ayuntamiento de Madrid ha colocado en la Plaza Fernández Ladreda, donde se ha medido una media de 70 microgramos por metro cúbico de dióxido de nitrógeno, rozando el doble de lo permitido (Fuente: elpais.es)

Las medidas a adoptar para reducir el nivel de contaminación en las urbes no son muy populares. Cortar el tráfico de algunas calles principales y convertirlas en peatonales, restringir el acceso a la ciudad a los coches más contaminantes o crear una tasa de peaje son soluciones que no agradan en gran medida a la población.

No obstante, la cuestión es ¿por qué estas medidas resultan tan impopulares?

Bajo mi punto de vista la no-popularidad de las acciones reductoras de polución, y por tanto, el miedo que tienen las Administraciones Públicas a adoptarlas es debida a su mala comunicación. Es decir, carece de sentido que el pueblo no acepte pautas que repercuten en una mejora de la calidad de aire que respiran y, por tanto, en una mejora de la salubridad de la ciudad. Resulta totalmente ilógico que se sepa a ciencia cierta que “la contaminación atmosférica constituye un riesgo medioambiental para la salud y se estima que causa alrededor de dos millones de muertes prematuras al año en todo el mundo” (Fuente: OMS) y que el pueblo no esté a favor de tomar medidas porque prefieran ir más cómodos en su coche.

Efectivamente, la mala comunicación y, en ocasiones, la falta de ella tiene como consecuencia la inconsciencia de la población. Y, por ende, el rechazo a tomar medidas que afectan a la ‘calidad de vida’. La gente no sabe hasta qué punto el aire que respira es nocivo para su salud mientras que las Administraciones y Ayuntamientos tienen poco interés, no sólo en comunicarlo, si no también en tomar las medidas oportunas (Fuente: elpais.es).

Todos estos datos me llevan a plantearme un ¿POR QUÉ? mayúsculo. Según la teoría que todos aprendemos en el colegio, los líderes políticos se encuentran en el poder para mirar por el bienestar de la población. Sin embargo, según lo descrito anteriormente, no parece así. No sé cuáles son sus intereses reales pero desde luego nuestro bienestar no creo que sea.

 

Enlaces interesantes que he visitado:

http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs313/es/index.html

http://www.elpais.com/articulo/madrid/Madrid/aire/elpepiespmad/20111009elpmad_1/Tes

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