No hay conflicto, hay falta de libertad.

En los últimos días ETA  ha anunciado el “cese definitivo de la violencia armada” y la gran duda de todos los ciudadanos que vivimos sufriendo su existencia es si será esta vez la definitiva. La duda nos asalta por varias razones: la primera es que en los últimos tiempos la banda terrorista ha anunciado diferentes tipos de treguas unilaterales con distintas formulaciones. Al principio, enviaban mensajes de tipo “alto el fuego”, como si estuvieran en una trinchera inmersos en una guerra, y poco a poco han ido cambiando su discurso hacia uno menos beligerante, ejemplificándose éste en el penúltimo comunicado que realizaron donde hablaban de un “alto el fuego permanente y verificable”. Sin embargo, todas las treguas anunciadas han sido quebrantadas y  por este motivo una parte de los españoles no confía en que esta vez vaya a ser la vencida. Por otro lado, los medios de comunicación progresistas y la mayoría de los ciudadanos, amén de la inmensa mayoría de los políticos, sean del signo que sean, están muy ilusionados. El ambiente que se respira es positivo y esperanzador: esta vez es la definitiva. Así, por fin, se cerraría el último ciclo de la transición política española, de la dictadura franquista a la democracia constitucional.

El día que no haya más muertos políticos en España, el día en que los ciudadanos vascos dejen de estar condicionados por el miedo y sean ellos mismos llegará la libertad que ha faltado, sobre todo en algunos pueblos del país vasco.

Las gentes de bien anhelamos el momento en el que los delincuentes abandonen y dejen, tanto la violencia, como ese lenguaje engañoso y demagógico al que nos tienen acostumbrados.

Una de las razones por las que escribo este post es para poner mi granito de arena a la hora de explicar a los ciudadanos extranjeros, y en menor medida a nos nacionales, qué es ETA y qué pretende. Vienen motivadas estas líneas por el afán de la banda de intentar internacionalizar sus peticiones. Buen ejemplo de ello es la reunión de personalidades organizada en San Sebastián hace unos días. Como es sabido, allí se reunieron desde el ex secretario general de naciones unidas hasta el antiguo dirigente del Sin Fein. Probablemente, de todos los que estaban en la susodicha mesa, el único que sabría qué había sido históricamente ETA sería el antiguo líder del brazo político del IRA. Esta reunión autodenominada “Conferencia Internacional de Paz” ha sido una liturgia etarra para justificar una parada en su actividad criminal. Parada que se debe principalmente a tres razones: el acoso policial, el cerco judicial y la falta de apoyo de su base social. De igual modo, también considero que  el acorralamiento al que están sometidos, su decadencia logística interna, el abandono de la extorsión a los empresarios y, por tanto, la falta de una de sus fuentes de financiación, son algunos de los motivos por los que la banda terrorista ha tenido que cerrar la puerta y renunciar a su actividad. Lejos de tener una voluntad real de abandonar.

ETA nació a finales de los años cincuenta. Paulatinamente fijó una hoja de ruta para conseguir sus aspiraciones políticas, por medio de la violencia contra las instituciones y la socialización del miedo entre los suyos y los que no les apoyaban. ETA, ayer y hoy, aspira a construir un estado socialista tras la desmembración y posterior unión de tres provincias francesas y dos comunidades autónomas españolas.  Secesión de dos de los estados nación más antiguos del mundo, y en el caso de España de la monarquía que menos ha variado sus fronteras en Europa durante siglos.

ETA, plantea que en las siete provincias donde se habla el vascuence, además de otras lenguas, existe un conflicto identitario muy fuerte cuya única solución es la construcción de un estado soberano. Concibe las sensibilidades identitarias en clave marxista, es decir, las entiende como un conflicto entre opresores y oprimidos. Así, cree con determinación que para solucionarlo hay que comportarse con su pueblo y con las administraciones públicas de forma violenta y autoritaria. Desde su punto de vista, son ellos los únicos que pueden conducir a Euskal Herria, la tierra donde se habla vasco, a su independencia.

Por otro lado, los que no piensen como ellos tienen tres opciones:

  1. el exilio, 300.000 personas viven fuera del País Vasco y Navarra por miedo a que los maten,
  2. estarse callados y acatar la voluntad nacionalista etarra o
  3. en el caso de no doblegarse al totalitarismo etarra, vivir con el miedo al asesinato.

ETA  en particular, y el mundo nacionalista periférico en general, si bien este último es legítimo y democrático, no se ha dado cuenta de que las diferentes opiniones políticas junto con las diferentes identidades de pertenencia son lo normal en una democracia y no la excepción. Que uno se sienta más o menos francés que corso, por ejemplo,  o que uno sea más o menos de izquierdas es normal en todos los estados del mundo. La democracia se basa en solucionar las diferencias existentes hablando y no en clave de conflicto armado.

En el País Vasco y en el resto de España no tiene lugar ningún conflicto armado. Me gustaría que esto quedase muy claro a la opinión pública extranjera y, sobre todo, a los que visitaron San Sebastián hace unos días, para esa misa de réquiem de la banda terrorista. En nuestro país no existe ninguna divergencia política insuperable por la vía democrática a solucionar. Esto no quita que sí existan diferencias políticas entre los ciudadanos. Pero en ello reside la riqueza de la democracia: en el consenso y articulación de los diferentes puntos de vista.

Hemos asistido a una situación en la que unos criminales se comportaban de manera totalitaria y mafiosa aterrorizando a una población para que no hiciese y dijese lo que realmente pensaba. Si bien es cierto que existe una base social que los apoya, aunque tan sólo es de 250.000  personas en su mejor cifra.

Si hay dos bandos estos son los asesinos y los que ponen los muertos- entre 800 y 900 en algo menos de 50 años-. Así, no tiene lugar ninguna contienda real en la que dos bandos se opriman mutuamente. Por tanto, no existe una verdadera necesidad  de que se intervenga con cumbres internacionales en lo que es un asunto delincuencial.

ETA nunca ha querido convencer a nadie de sus ideas. Ha intentado construir sus entelequias autonombrándose representante de la voluntad de vascos, navarros y algunos franceses. Nunca ha querido negociar nada con el gobierno de España ni con nadie. Tiene una concepción marxista del mundo en la que ellos quieren ser la dictadura del proletariado responsable de guiar al pueblo, un pueblo que por sí sólo no es capaz de emanciparse de la alienación burguesa. ETA busca tutelar la  autodeterminación del pueblo vasco diciéndole cómo y cuándo hacerlo.  Todo para el pueblo pero sin el pueblo.

Olvida que los derechos no los tienen los territorios sino las personas concretas. Los derechos los tenemos las personas y son los etarras los primeros que nos los quitan. Los heridos, que se cuentan por miles, los muertos y sus familias, los que han tenido que callarse en un bar y no decir lo que pensaban por miedo a represalias de todo tipo, los que a día de hoy llevan escolta, los empresarios amenazados y obligados a pagar a la banda terrorista, los propios ajusticiados dentro de la banda, los presos que ya no querían pertenecer a ETA, los ciudadanos vascos que no se han metido en política porque no querían problemas, los periodistas, los sindicalistas, y demás ciudadanos saben muy bien que el principal problema del País Vasco no es otro que la falta de libertad y que la transición de la dictadura a la democracia no ha llegado por igual, ni de la misma forma, a todos los territorios de España. ETA, lo que tiene que hacer es bajar la persiana, cerrar su organización e irse a su casa. Los ciudadanos saben de sobra lo que tienen que hacer y lo que les conviene. No necesitan tutores.

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