¿En qué momento perdimos la cordura?

A veces pienso que me he hecho mayor y veo cosas que antes, por vivir en una nube de inocencia, no veía. Otras, soy de la opinión de que lo que está pasando actualmente, antes no sucedía tan a menudo.

La crisis económica, el 15M, los altercados sucedidos en Valencia estos días y todos los movimientos que han surgido y van a surgir, han avivado unos sentimientos que estaban dormidos, o al menos, eso me parecía. La lucha entre la derecha y la izquierda se está convirtiendo en algo cada vez más ensañado.

Puede que antes también existiese. Puede que en la época de bonanza económica todo esto también tuviese lugar y yo, como he dicho, no lo percibiese. Sin embargo, estoy segura de que ahora, estos meses, estos días, HOY, con la grave situación a la que asistimos, no es el mejor momento para ello.

Cuando miro hacia la realidad que me rodea veo un pueblo que necesita ser escuchado. Que pide ser escuchado. Veo unos líderes políticos que se aferran a echarle la culpa al color de enfrente creyendo erróneamente que esto solucionará el problema. Veo fachas e izquierda radical.

Y yo, desde mi pequeño rincón llega un punto en el que no creo que sea tan relevante quién lo generó todo. No percibo la necesidad de buscar incansable e inútilmente al culpable de todo lo que sucede. Tenemos un problema. Tenemos un problema muy grave que se está agravando conforme más tiempo pasa. ¿Por qué nadie intenta solucionarlo? ¿Por qué tengo la sensación de que los que tienen en sus manos el poder y, sobre todo, la capacidad de remediarlo se empeñan en generar todavía más odio y división?

Desde aquí me gustaría llamar a la ecuanimidad, al sosiego y a la reflexión. Me gustaría que los asuntos importantes empezasen a tratarse como lo que son. Que a los problemas se les otorgue esa categoría. Me encantaría que los adultos empezasen a comportarse como tal y a ejemplificar todos los valores que tanto nos han enseñado e inculcado: tolerancia, reflexión, respeto al prójimo…

Porque lo único que veo ahora mismo son niños peleándose por quién empezó primero la pelea.

Veo niños señalándose con el dedo asegurando que el malo es el de enfrente.

Si todos empezásemos a pensar que somos parte de un todo mayor, que seguramente el de enfrente lleve razón en muchos aspectos y que, al final, lo que todos queremos es ser felices y vivir tranquilos… nos iría mucho mejor. Y la actitud de los políticos, ayudados por el gran poder de los medios de comunicación, no está ayudando mucho en este aspecto.

Creo que la clase política debe dejar de mirar hacia la paleta de colores a la que tanta referencia hace y empezar a mirar a España. Pero a la España REAL, la que se vive todos los días en la calle. Una España que desde hace tiempo está pidiendo que se la mire, se la escuche y se la mime.

Así que por favor, si ellos no dejan de pelearse porque el vestido de la Bella Durmiente sea azul o rojo, hagámoslo nosotros. Dejemos de mirar de qué color será la vestimenta de la princesa. Tenemos un baile que organizar.

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