El español pasivo

Los españoles, en general, nos caracterizamos por nuestra pasividad ante las cosas. No es algo que haya dicho yo, es bastante conocido el tópico de que nos quejamos en la barra del bar y a la hora de la verdad… pues pensamos que no es tan grave.

Esta actitud la estoy notando muchísimo a través de todos los casos de corrupción que ha habido. En realidad, nos molesta que haya políticos corruptos pero en nuestro interior esperamos a que venga alguien que imponga justicia, alguien que nos salve de esta situación y que los meta a todos en la cárcel. Una especie de justiciero supremo que nos saque de aquí.

No sé si realmente esperamos que sea el señor Presidente del Gobierno el que, por un determinado motivo, sea iluminado y decida utilizar el poder que tiene para indicar que ya está bien, que tanto caso de corrupción daña gravemente la imagen del partido y de la política en general (que a fin de cuentas, es su profesión, su sector, en fin que vive de eso). Puede que sea eso. Sin embargo, parece ser que ni él, ni su gabinete de expertos consejeros lo ven conveniente. Considerarán que es mejor hacer mutis por el foro y correr un tupido velo así, como el  que no quiere la cosa. Incluso puede que esperemos que sea él el que se moje cuando en realidad ni pincha ni corta (aunque, sinceramente, si la gran mayoría de tu país lo piensa, supongo que por algo será…).

El caso es que nosotros, los de abajo, los que nos encontramos llenando las playas y poniéndonos morenos -porque es lo único gratis que se puede hacer en esta época- nos quejamos y esperamos a que algo suceda.

Aunque esta actitud la llevamos hasta cierto punto. Hemos alcanzado un nivel de hartura que necesitamos movernos. Nos hemos manifestado una y otra vez. Inventamos un movimiento que se ha extendido mundialmente. Acampamos delante de los bancos. Evitamos desahucios en la medida de lo posible. Hacer hacemos cosas. Que nos hagan caso es una cuestión diferente.

Ahora mismo, en general, estamos perdidos. Esperamos que alguien coja las riendas, sí. Pero eso no significa que seamos pasivos. Nos movemos, pero no sabemos cómo. No sabemos cómo conseguir que nos escuchen. Hemos sido un pueblo tranquilo y ahora mismo sentimos que no tenemos herramientas para movernos, porque no tenemos tradición de utilizarlas. Por este motivo, no soy de aquellos y aquellas que opinan que somos tontos y que deberíamos movernos más. Nos movemos. Lo que necesitamos es una figura que organice el movimiento y canalice nuestra energía hacia la dirección correcta. Alguien que consiga que nuestras voces se oigan de verdad, por mucho que el Gobierno intente ningunearlas.

Ya que al final, el país somos nosotros, somos todos. Los de arriba y los de abajo.

A veces parece que se nos olvida.

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